CapĂtulo 1 — Una llegada imposible
La mañana en la Escuela Los Tres Hermanos parecĂa completamente normal. Los estudiantes caminaban medio dormidos hacia sus aulas, algunos terminando tareas a Ăşltima hora y otros hablando escandalosamente en los pasillos. Los profesores intentaban organizar la entrada mientras el sol comenzaba a calentar el enorme patio de la escuela. Hasta que un sonido extraño interrumpiĂł todo.
Tac… tac… tac…
El ruido de cascos contra el pavimento hizo que varias personas se detuvieran.
—¿Escucharon eso? —preguntó una chica confundida.
El sonido se hizo más fuerte. Entonces todos voltearon hacia la entrada principal. Y el silencio cayó de golpe.
Una yegua dorada atravesĂł lentamente el portĂłn de la escuela.
Su pelaje brillaba bajo el sol como si estuviera cubierto de oro. TenĂa una pata blanca y las otras tres negras. Encima de ella iba Astrid sujetando las riendas con tranquilidad, como si entrar montada a una escuela fuera lo más normal del mundo. Pero lo que realmente dejĂł a todos impactados fue que no venĂa sola.
Detrás de Zoe caminaban otros tres caballos.
Rayo, fuerte y oscuro, avanzaba moviendo la cabeza con energĂa.
Style caminaba elegante y tranquilo al lado izquierdo.
Y Julius, enorme e imponente, observaba todo con una mirada intensa.
Los estudiantes comenzaron a sacar sus teléfonos inmediatamente:
—¡¿Eso es real?!
—¡Hay caballos en la escuela!
—¡Mira a esa chica!
—¡Dios mĂo, quĂ© hermosa está esa yegua!
Astrid ignorĂł los murmullos. Llevaba tres trajes doblados en el brazo mientras Zoe seguĂa avanzando por el patio principal.
En ese momento Natalie saliĂł del edificio principal junto a Vianelis y Natanael. Los tres se quedaron congelados.
—Astrid… susurró Natalie sorprendida—. ¿Entraste montada aqu�
—Claro, respondió Astrid bajándose de Zoe—. Era más rápido.
Natanael soltó una pequeña risa incrédula.
—Tú definitivamente quieres que nos expulsen.
Astrid sonriĂł apenas y les mostrĂł los trajes:
Uno negro con detalles plateados, uno azul oscuro y uno verde intenso.
—¿Y eso? — preguntó Vianelis.
Astrid mirĂł alrededor antes de responder:
—Los necesitaremos esta noche.
El ambiente cambió de inmediato. Natalie frunció el ceño.
—No me digas que encontraste el mapa…
Astrid asintiĂł lentamente. Natanael dejĂł de sonreĂr. Porque los cuatro sabĂan perfectamente lo que significaba eso.
El bosque prohibido detrás de la ciudad escondĂa algo que nadie más conocĂa. Y esa noche… pensaban entrar.