Cuando Astrid saliĂł corriendo de la cafeterĂa, el hombre de ojos rojos ya no estaba. Solo quedaba la calle vacĂa y el sonido lejano de los carros pasando.
Zoe seguĂa inquieta.
Natalie abrazĂł a Rayo intentando tranquilizarlo.
—Él nos está vigilando —dijo Vianelis, nerviosa.
Natanael tomó el mapa rápidamente.
—Entonces tenemos que adelantarnos.
Esa tarde, los cuatro se reunieron en la vieja biblioteca abandonada detrás de la escuela. Astrid habĂa descubierto que algunas páginas del cuaderno de su abuelo reaccionaban con la luz de las marcas.
Y tenĂa razĂłn.
Cuando colocaron sus manos sobre el libro, nuevas palabras aparecieron lentamente:
"La puerta solo se abrirá con los cuatro sĂmbolos unidos."
Debajo de la frase apareciĂł un dibujo.
La puerta.
Y detrás de ella… algo enorme con ojos brillantes.
Natalie retrocediĂł.
—No quiero saber quĂ© hay encerrado ahĂ.
Pero Astrid no podĂa apartar la mirada.
Porque sentĂa que el bosque la estaba llamando.