Entre Caminos y Destinos

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Capítulo 2 — El mapa escondido

Las clases habían comenzado hacía más de veinte minutos, pero nadie estaba prestando atención. No después de la entrada de Astrid.

En cada salĂłn de la Escuela Los Tres Hermanos se hablaba de lo mismo:

—Dicen que entró montada en un caballo dorado.
—No, eran cuatro caballos.
—Escuché que hasta los profesores salieron a mirar.
—¿Y los trajes? ¿Para qué eran?

Mientras tanto, en el Ăşltimo asiento del salĂłn 4-B, Astrid observaba distraĂ­da por la ventana.

Zoe estaba afuera, atada bajo un gran árbol, moviendo la cola tranquilamente mientras varios estudiantes la miraban desde lejos.

La profesora seguía explicando matemáticas, pero Astrid apenas escuchaba. Porque dentro de su mochila estaba el verdadero problema:

El mapa.

Doblando cuidadosamente una esquina del papel, Astrid lo miró otra vez. Era antiguo, amarillento y tenía símbolos extraños dibujados con tinta negra. En el centro aparecía marcado el Bosque de Arkan.

El lugar que todos evitaban.

Según las historias de la ciudad, quien entraba ahí después de medianoche escuchaba voces entre los árboles… voces que conocían tu nombre.

De repente, alguien golpeĂł suavemente su escritorio.

Astrid levantĂł la vista. Era Natalie.

—La profesora me mandó a buscar unos libros —mintió ella en voz baja—. Ven al baño del segundo piso. Ahora.

Astrid entendiĂł inmediatamente.

Guardó el mapa y salió minutos después fingiendo ir al baño.

Cuando llegĂł al segundo piso encontrĂł a Natalie, Vianelis y Natanael esperando cerca de una ventana abierta.

—Enséñalo —dijo Natanael apenas la vio.

Astrid sacĂł el mapa. Los cuatro se acercaron.

—¿Dónde lo encontraste? —preguntó Vianelis nerviosa.

—Dentro del establo viejo de mi abuelo —respondió Astrid—. Estaba escondido debajo de unas tablas.

Natalie señaló una marca roja dibujada cerca del bosque.

—¿Qué significa eso?

Astrid tragĂł saliva.

—Creo que ahí está la entrada.

El silencio cayĂł entre ellos.

Natanael cruzĂł los brazos.

—Aún no entiendo por qué nosotros.

Astrid levantĂł lentamente la mirada.

—Porque nuestros caballos aparecen dibujados aquí.

Los tres abrieron los ojos sorprendidos.

Astrid girĂł el mapa. Y ahĂ­ estaban.

Cuatro figuras idénticas a Zoe, Rayo, Style y Julius dibujadas alrededor de un extraño símbolo brillante.

Vianelis retrocediĂł un paso.

—Eso no puede ser coincidencia…

En ese instante, las luces del pasillo comenzaron a parpadear.

Una... dos... tres veces.

El viento entró violentamente por la ventana abierta. Y el mapa comenzó a brillar débilmente.

Natalie soltĂł el papel asustada.

Pero antes de que alguien pudiera hablar...

Una voz susurró detrás de ellos:

—Ya comenzaron a buscarlo...