CapĂtulo 3 — La voz en el pasillo
Los cuatro se giraron inmediatamente.
Pero detrás de ellos no habĂa nadie.
El pasillo del segundo piso estaba completamente vacĂo. Las luces seguĂan parpadeando y el viento movĂa las cortinas de las ventanas abiertas.
Natalie se pegĂł al brazo de Vianelis.
—Yo escuché esa voz…
—Yo también —dijo Vianelis en voz baja.
Natanael caminĂł unos pasos por el pasillo mirando a ambos lados.
—¿Quién está ah�
Nadie respondiĂł.
Astrid sostuvo el mapa con fuerza. El brillo extraño comenzaba a desaparecer poco a poco, pero podĂa sentir el papel caliente entre sus manos.
Entonces sonĂł la campana.
Todos dieron un pequeño salto del susto.
Las luces dejaron de parpadear de golpe y el pasillo volviĂł a la normalidad, como si nada hubiera pasado.
Natanael regresĂł junto a ellos.
—Esto ya se está poniendo raro.
—¿Raro? —dijo Natalie nerviosa—. ¡Una voz apareció de la nada!
Astrid volvió a guardar el mapa rápidamente dentro de su mochila.
—Aquà no podemos hablar. Nos vemos después de clases detrás del gimnasio.
Los demás asintieron.
Las horas pasaron lentamente.
Astrid apenas pudo concentrarse durante el resto del dĂa. Cada vez que miraba por la ventana sentĂa una extraña sensaciĂłn en el pecho, como si alguien estuviera observándola desde lejos.
Afuera, Zoe permanecĂa inquieta.
Rascaba el suelo con una pata y movĂa las orejas constantemente.
Y no era la Ăşnica.
Rayo no dejaba de caminar de un lado a otro.
Style permanecĂa alerta mirando hacia el bosque detrás de la escuela.
Y Julius lanzaba pequeños relinchos graves cada cierto tiempo.
Algo los tenĂa nerviosos.
Cuando finalmente terminaron las clases, los cuatro se reunieron detrás del gimnasio, lejos de los demás estudiantes.
El sol comenzaba a ocultarse y el cielo se teñĂa de naranja oscuro.
Natanael fue el primero en hablar.
—Bien. Ahora sà explica todo.
Astrid respirĂł hondo antes de sacar nuevamente el mapa.
—Mi abuelo me contĂł algo cuando era pequeña —dijo ella—. Me dijo que hace muchos años existĂan cuatro jinetes que protegĂan algo escondido en el Bosque de Arkan.
Natalie cruzĂł los brazos.
—¿Algo como qué?
Astrid dudĂł unos segundos.
—No lo sé… Nunca quiso decirme. Solo decĂa que si el sello desaparecĂa, la ciudad estarĂa en peligro.
Vianelis mirĂł el mapa otra vez.
—¿Y tú crees que nosotros somos esos jinetes?
Antes de que Astrid pudiera responder, Zoe soltĂł un fuerte relincho.
Todos voltearon inmediatamente.
Los cuatro caballos estaban mirando exactamente hacia el bosque.
Quietos.
Tensos.
Como si hubieran visto algo.
Entonces, entre los árboles oscuros, apareció una figura negra.
Alta.
Cubierta con una capa larga.
Y aunque estaba lejos, se notaba perfectamente que los estaba observando.
Natalie dio un paso atrás.
—¿Quién es eso...?
La figura levantĂł lentamente una mano.
Y en el mismo instante, Julius comenzĂł a relinchar violentamente.