Capítulo 9 — La sombra regresa
El hombre de ojos rojos permanecía inmóvil frente a ellos mientras el viento agitaba su capa negra.
Julius seguía relinchando furiosamente.
Natanael apenas podía respirar por el ardor de la marca en su mano.
—¿Quién eres tú? —preguntó Astrid otra vez, tratando de no mostrar miedo.
El desconocido dio un paso hacia adelante.
La luna roja iluminó parcialmente su rostro pálido.
—Alguien que intentó detener esto hace muchos años.
Natalie frunció el ceño.
—¿Detener qué?
El hombre observó lentamente las marcas de sus manos.
—El despertar de la puerta.
En ese instante, Zoe comenzó a moverse inquieta. Rayo golpeó el suelo con fuerza y Style giró nerviosamente alrededor de Vianelis.
Los caballos podían sentir algo.
Algo malo.
Astrid dio un paso al frente.
—¿Qué puerta?
El hombre sonrió apenas.
—La que sus familias juraron proteger.
Los cuatro quedaron congelados.
—Eso no tiene sentido —dijo Natanael—. Nosotros solo somos estudiantes.
—No —respondió el desconocido—. Ustedes son los herederos de los cuatro jinetes.
El viento sopló aún más fuerte.
Entonces el hombre levantó lentamente una mano.
Y una extraña luz roja apareció entre los árboles del bosque.
Astrid abrió los ojos sorprendidos.
Porque algo enorme parecía moverse dentro de la oscuridad.
Ramas quebrándose.
Pasos pesados.
Respiración profunda.
Natalie retrocedió rápidamente.
—¿Qué hay ahí...?
Pero el hombre no respondió.
Solo miró directamente a Astrid.
—Si la puerta se abre... nada de esta ciudad volverá a ser igual.
Y de repente desapareció.
Como si las sombras se lo hubieran tragado.
El bosque quedó completamente silencioso.
Nadie habló durante varios segundos.
Hasta que Vianelis señaló lentamente hacia la mano de Astrid.
La marca brillaba más fuerte que nunca.
Y debajo de la luz dorada... nuevas líneas comenzaban a aparecer sobre su piel.